Y LA AVENTURA COMIENZA.

Comunidad Bora - Buinane, en ruta al varillal.

Día No. 1 - 12 de Octubre de 2019.

Acordamos iniciar el recorrido en la tarde para comenzar al día siguiente temprano, nuestra faena de Observaciones con la esperanza de lograr los mejores Lifers. Aunque nuestro interés principal son las aves, también compartiremos con ustedes fotografías de algunas otras maravillas que encontramos a nuestro paso.

Luego de haber provisto lo esencial para una estadía de dos días, con mi paisano, colega, amigo y hermano de aventuras, Elvis Cueva Marquéz, iniciamos nuestro recorrido en moto desde la ciudad de Leticia, vía la carretera vecinal del norte (Leticia- Tarapacá), hasta el kilometro 17, donde a pie abordamos la trocha que nos conducía a la comunidad Bora - Buinane; de entrada nos saludo el escurridizo Saltarín Coroniazul (Lepidothrix coronata), que vocalizaba aquí y allá, animándonos a adentrarnos más en la selva, como si supiera lo que nos esperaba y lo que esto representaría para nosotros.


Un poco más adelante, una Garza Tigre (Tigrisoma lineatum), que asechaba en una pequeña quebrada rompió la tranquilidad de la selva con un fuerte aleteo y vocalización característica entre graznido y rugido, nos hizo atenuar el paso; ya el caer del sol predecía una noche oscura y quizás abonada de lluvia, que deseábamos fuese fugaz. A medio camino nos encontramos con un miembro de la comunidad, que junto con su hija y entenada, regresaban de la Chagra con un canasto lleno de yuca dulce y unos cuantos bananos; realmente en ese momento iniciaría nuestra aventura, puesto que sin saberlo, este personaje era el medico tradicional de la comunidad y esa noche nos permitiría hacer parte de un legendario evento de practica e iniciación para los futuros Chamanes, siete jóvenes que aguardaban en la Maloca y que esperaban con ansias la penumbra para en el silencio del Mambiadero continuar con su preparación espiritual.

A nuestra llegada a la comunidad, solicitamos autorización para ingresar a la Maloca. Nos ubicaron diagonal al Mambiadero y junto con las presentaciones y preparativos para la ceremonia, cayo la noche, comimos algo de atún y arroz precocido, instalamos nuestras hamacas y nos acercamos al grupo que iniciaba su reunión. Nos ofrecieron Mambe, Ambil y un lugar en torno al Pensador del Maloquero; empezamos una charla sobre nuestro motivación de viaje y las posibles aves que encontraríamos, en ausencia de Celimo el contacto Baquiano de mi amigo Elvis Cueva, nos recomendaron al señor Julio su padrastro y con él finiquitamos la salida del día siguiente.

Avanzada la noche, se dio paso a los cantos de sanación, que imitaban las vocalizaciones de algunas aves y que en su continuidad, más que cantos, a mi percepción se tornaron mantrams que alejaron el cansancio, sueño y fatiga del día, induciéndome a un delicado trance que inculcaría de tal manera esa singular doctrina en mi Psiquis, que llegué a sentir como se desprendía de mí, todo el peso de la ciudad y presión de nuestro entorno social de consumo y mecánica existencial. Luego me sentí tan liviano y tranquilo, que ingresé en un sueño profundo en el que una voz interior me decía que debía desligar mi cuerpo y espíritu de las cargas materiales que me habían inducido mis enemigos, cargas que desde ese momento se habían liberado, ya no estaban amarradas a mi cuerpo, pero que aun amenazaban desde cerca.

Una vez femenina interrumpió el momento, mientras impartía instrucciones para que los menores, los niños se fueran a descansar, dando espacio a un ritual más complejo, donde se invocaban las energías elementales de las aves de mayor jerarquía, poder y sanación; en ese instante volví a la inconsciencia material, pero interacción espiritual, escuchaba claramente los cantos y como si entendiera el dialecto sentía sus efectos. Pronto cayó la madrugada y una suave llovizna, dio paso al amanecer, mi hermana la Gallina Ciega (Nyctidromus albicollis), compañera de tantas jornadas, me invitaba a recibir un nuevo día; mientras a lo lejos se escuchaban los murmullos del Murucututú (Megascops coliba) y el gran Lechuzón (Pulsatrix perspicullata); pronto a medida que la luz empujaba la penumbra, los Cucaracheros (Troglodytes aedon) y las bandadas mixtas de Tangaras (Thraupis episcopus - Thraupis Palmarum - Ramphocelus carbo), iniciaban su algarabía, seguidos de las Guacharacas (Ortalis guttata), los Mochileros (Psarocolius angustifrons), los arrendajos (Cacicus cela), las Mirlas Pantaneras (Turdus ignibilis) y los Vitordies (Pitangus sulphuratus).

Día No. 2 - 13 de Octubre de 2019.

Un nuevo día da inicio en la selva, algo leve de comer y pies a la trocha que las aves nos esperan. Los primeros en mostrarse, fueron los Saltarines Cabecidorados (Ceratopipra erythrocephala), mientras a lo lejos se escuchaba un par de Chiguangos (Milvago chimachima) y un Gavilán Pollero (Rupornis magnirostris), que perecían disputarse la mejor percha. Avanzando hacia nuestro objetivo, atravesamos varios cultivos, donde los Carpinteros Payaso (Melanerpes cruentatus), trabajaban sin cesar y en los bordes del bosque, en el matorral los Tucanes y Tucanetas (Ramphocelus vitellinus - Pteroglossus castanotis) buscan que comer; a eso del medio día, entramos a la selva tupida y de nuevo los Saltarines Coroniazules (Lepidothrix coronata) empiezan a marcarnos el camino, como reloj incesante que mide no solo el tiempo, sino también nuestro cansancio.



Paso a paso nos adentramos más en la maraña y como si fuera una carrera de reelevos, dejamos atrás a unos y empieza la compañía de otros; de un momento a otro empezó la sinfonía de la Piaya Chillona (Lipaugus vocuferans), el Tucán Real (Ramphastos tucanus), la Panguana Grande (Tinamus major) y la Panguana Gris (Crypturellus cinereus); a demás de una u otra Guacamaya (Ara ararauna - Ara macao - Orthopsittaca manilatus), Loras (Amazona festiva - Amazona farinosa) y Pericos (Pionites malanocephalus - Pyrilia barrabandi) que escasamente entrevemos en el alto dosel.

Adentrados en la tarde, llegamos a un campamento transitorio a orillas de la Quebrada El Caimo; allí hicimos el almuerzo y decidí establecer un punto de descanso, por la accesibilidad al agua y entorno despejado, aunque el refugio estaba algo deteriorado por el tiempo, era mejor eso que nada para enfrentar la tempestad que anunciaban los truenos cada vez más cercanos. Elvis y Julio decidieron continuar a manera de reconocimiento hasta el Varillal, pero sin equipaje, escasamente con una linterna y la cámara fotográfica, mientras Yo aguardaba en el campamento, descansaba y fotografiaba aves en los alrededores.



Durante la espera y antes de caer la noche, goce de la compañía de un Colibrí Ermitaño (Phaetornis bourcieri), un cuarteto de Fruteritos Piquigruesos (Euphonia laniirostris), un par de Panguanas Enanas (Crypturellus soui) y una pareja de Hormigueros (Myrmothelura axiliaris). Mis compañeros de viaje regresaron a eso de las seis y media de la noche, bastante extenuados y sedientos; habiendo avistado una Pava Cabeciblanca (Pipile cumanensis), escuchado unos Paujiles (Mitu tuberosum) y aunque no aves, pero si importantes de observar, una manada de monos Churucos (Lagotrix lagotricha), que huían afanosamente de rama en rama, seguramente de su máximo predador, el Águila Miquera (Arpia arpija). La lluvia dio escaso tiempo para comer y acomodarnos para dormir, rogando que el techo del refugio resistiera y no goteara, lo cual fue imposible, pero manejable.

Casi toda la noche llovió a cantaros, la ropa mojada fue extendida sobre las brasas de la hoguera en que se cocinó, lo suficientemente alto como para que se secara sin quemarse, contando con que no se atizara el fuego por el viento, manteniéndose solo humeando; sin embargo las leyes de Morphi intervinieron y abruptamente a media noche, en mi sueño más profundo, una voz me gritó "Se te esta quemando la ropa y se va a incendiar el refugio", de repente estaba sentado bajo mi toldillo y atreves de las sombras de los toldillos de Elvis y Julio, podía ver como la ropa estaba en llamas, de inmediato alerté a Julio, quien estaba más cerca y este apagó las llamas; al día siguiente pude percatarme de que mis prendas fueron las más afectadas, sin embargo agradecí a la madre naturaleza, quien asumo fue quien me alerto en el sueño, desayunamos e iniciamos el regreso a la comunidad Bora - Buinane.

Día No. 3 - 14 de Octubre de 2019.

Esa mañana la selva, nuestra selva, nos despidió con las aves más especiales que podríamos encontrar, un Carpintero Marrón (Celeus grammicus), un Pajaro Bobo (Melacoptila fusca), una pareja de Plañidera Cenicienta (Laniocera hypopyrra), un Saltarin Enano (Tyranneutes stolzmanni), un Pijuí Rojizo (Sinallaxis rutilans), tres Tuluchis Hombricastaños (Euchrepomis humeralis), dos Cicabas (Ciccaba virgata), un grupo de Fruteritos Barbirojos (Capito auratus) y una bandada mixta de Tangaras (Tangara chilensis - Tangara Mexicana - Tangara velia); todo esto antes de llegar a los cultivos y disfrutar de unas deliciosas piñas maduras para reponer fuerzas y continuar hasta la comunidad.

Al atravesar el rastrojo (Bosque secundario), antes de la Maloca, nos acompañó un Fiofio Pardo (Elaenia Pelzelni), Un hormiguero Flanquialbo (Myrmotherula axillaris), un grupo de Fruteritos golipurpura (Euphonia chlorotica), un par de Atrapamoscas Alicastaños (Pitangus lictor) y un grupo de Saltarines Cabecidorados (Ceratopipra erythrocephala). A eso de las dos de la tarde llegamos a la Maloca para agradecer la hospitalidad dispensada y disfrutar de un reconfortante baño en el río Tacana; Almorzamos masamorra de pescado, platano frito y Caguana de Umari, suficiente para reponer fuerzas y continuar hacia la carretera para tomar la moto y regresar a Leticia.

Luego, justo cuando pensamos que la aventura había terminado, al cruzar el río, frente a nosotros un Martín Pescador Verde (Chloroceryle americana) desplegaba sus alas para zambullirse tras una sabaleta deleitando nuestra partida; sin ni siquiera imaginar que no seria el único en despedirnos, como si el entorno nos aceptara como parte de él. Adelante saltó al camino un Batará Barrado (Cymbalainus lineatus), más adelante una bandada de Garrapateros Azulados (Crotophaga major), un grupo de Pájaros Ardilla (Piaya cayana) en cortejo, unos Semilleros de Pico Grueso (Sporophila angolensis) y para terminar, ya en la salida a la carretera, se nos presentó un Trepatroncos Olivaceo (Sittasomus griseicapillus) y un Carpintero Solitario (Veniliornis affinis), para cerrar así con broche de oro la travesía. Fue entonces cuando entendimos, que esta ruta nos despedía obligándonos a regresar con más tiempo, porque intuimos falta mucho por descubrir.


Probablemente en el escrito falten algunas de las aves observadas, pero tengan por seguro que la mayoría de ellas fueron citadas. Gracias por su atención y no olviden ver las fotografías en la sección Galeria - Ruta Comunidad Bora / Buinane.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  Humedal “EL CHIRCAL”, rescribiendo lo vivido (Segunda Parte 2022). Hoy los ánimos están al 200% y las expectativas al doble de eso, los ...