Humedal “EL CHIRCAL”, rescribiendo lo vivido (Primera
Parte 2022).
Este singular ecosistema, se encuentra localizado en el Municipio de
Leticia, Departamento del Amazonas, como parte del área que abarca las
instalaciones del Servicio Nacional de Aprendizaje SENA, sede Los Lagos –
Centro para la Biodiversidad y el Turismo; haciendo parte del corredor
biológico que comunica la cuenca de los Lagos Yaguarcaca, con la cuenca alta
del Rio Tacana, a través de la Quebrada Urumutum. En el confluyen la llanura
aluvial del Río Amazonas (Varzea), la zona inundable de la quebrada Yaguarcaca
(Igapó) y la vegetación de tierra firme, que aunque esta en recuperación a
alcanzado un significativo estado de madurez y por ende la regeneración de los
bio - ciclos propios del ecosistema Amazónico.
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Después de una ausencia forzada, me siento como si reescribiera lo vivido; ya
que por esas cosas raras de la vida y el maravilloso mundo de las aves, estoy
de vuelta en el humedal “El Chircal” que como ya se mencionó atrás, hace parte
del área que ocupa el SENA, sede Los Lagos. Hoy recorreré una vez más ese
rincón de bosque y pastizales que conozco desde niño y he escudriñado hasta la
saciedad; pero que en cada visita, me brinda una nueva experiencia, lo que no me
permite olvidar su magia y atracción, que como dopamina natural, te seduce y causa
adicción para que siempre regreses al reencuentro con sus energías.
Ha sido un día de esos que las
abuelas llaman “pasado por agua”, en la mañana no se pudo hacer nada por la
lluvia, pero ahora en la tarde, el clima nos ha dado una tregua y la
Instructora Bióloga Paola Cruz, coordinadora de la actividad, nos invita a
iniciar nuestra jornada de avistamiento de aves. Ya son pasadas las 03:00 pm y
la suave brisa del sur ha logrado correr las nubes, permitiendo que el astro
rey ilumine nuestro recorrido y anime a los emplumados a ponerse en actividad.
Desde la cafetería del SENA, la algarabía que comienza, atrae nuestra
atención; los territoriales Siriríes (Tyrannus
melancholicus), discuten acaloradamente con las Golondrinas Pechigrises migratorias
(Progne chalybea), que buscan
afanosas una percha donde descansar. Carolina Pulido y Paola Riveros, las
inseparables amigas, preguntan intrigadas por la situación, mientras Don
Francisco Alonso, el más veterano del grupo y su súper cámara toma los
registros de rigor.
Néstor Barbosa y Yo ajustamos rápidamente los
binoculares e iniciamos el reconocimiento del entorno, revisamos el firmamento
y cada árbol, en ellos cada rama, cada chamizo o cogollo, que pudiera albergar
un ave. Arriba en lo más alto, como si flotaran, más que planear, estaban los
gallinazos (Coragyps atratus), entre
ellos tres siluetas y planeo diferente; dos Gualas (Cathartes aura) y un Falconiforme que no pudimos identificar
plenamente, pero que presumo se trataba del agraciado Gavilán Cariamarillo (Daptrius ater).
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Poco a poco fueron uniéndose al concierto de la
vida, el trino del Hierberito Pechiescarlata (Sporophila castaneiventris), los acordes del Cucarachero Común (Troglodytes aedon) y el llamado del
Mosquerito Coronado (Tyrannulus elatus).
Embelesados por el ritmo que nos contagia el merengue de las Tangaras Azuleja y
Palmera (Thraupis episcopus – Thraupis
palmarum) y los agudos del Colibrí de Jardín (Amazylia fimbriata), salimos rumbo al cinturón de bosque que rodea
el humedal; allí nos recibió sorpresivamente el tímido y escurridizo Colibrí
Ermitaño Mosca (Phaethornis ruber),
que entre flores de Platanillo y los gajos de Flor de Encaje Roja, parecía
danzar con el viento.
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Más adelante, en el claro de los pastizales, las
bandadas de Periquitos Aliamarillos (Brotogeris
versicolurus), una despistada Tijereta (Tyrannus
savana) y los pequeños grupos de Guacamayitas Cabecifuscas (Aratinga Weddellii), surcaban el
firmamento; mientras que en los arbustos, las Pavas Enanas (Ortalis guttata) y las Pipiras Pico de
Plata (Ramphocelus carbo) a gritos
definen espacios. Los Mochileros (Psarocolius
angustifrons), llaman a la calma con sus delicadas siringalizaciones y
típica venia de complacencia, mientras que los Arrendajos (Cacicus cela), con su matriacar parecen dirimir la discusión.
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Ya el sol esta por empezar a ponerse, el vuelo
errático y afano de la Paloma Frentiblanca (Leptotila
rufaxila), marca la necesidad de buscar abrigo, los truenos de una tormenta
próxima inquietan a una familia de Caracarás Cariblancos (Milvago chimachima) y a una solitaria Águila Caminera (Rupornis magnirostris), que con silbidos
se alejan a la espesura de la selva inundada (Igapó). El Tataupá (Crypturellus ondulatus), empieza a
marcar la hora para el anochecer y el Buho Enano (Glaucidium brasilianum), inquieta a los colibríes Cola de Canoa (Chlorostilbon mellisugus) y Ermitaño
Piquirecto (Phaethornis bourcieri),
antes de dormir.
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Ya el sol esta por empezar a ponerse, el vuelo errático y afano de la
Paloma Frentiblanca (Leptotila rufaxila),
marca la necesidad de buscar abrigo, los truenos de una tormenta próxima
inquietan a una familia de Caracarás Cariblancos (Milvago chimachima) y a una solitaria Águila Caminera (Rupornis magnirostris), que con silbidos
se alejan a la espesura de la selva inundada (Igapó). El Tataupá (Crypturellus ondulatus), empieza a
marcar la hora para el anochecer y el Buho Enano (Glaucidium brasilianum), inquieta a los colibríes Cola de Canoa (Chlorostilbon mellisugus) y Ermitaño Piquirecto (Phaethornis bourcieri), antes de dormir.
A lo lejos el
Espátula Chillón (
Todyrostrum maculatum)
y la Mirla Pantanera (
Turdus ignobilis),
despiden el día con su alegoría, acompañando la sinfonía del Cucarachero
Turdino (
Campylorhynchus turdinus),
que agradece a la madre naturaleza por los favores recibidos y un día más de
vida para alegrar la selva con su melodía.
Es hora de regresar, nos asalta la intriga de una que otra especie que no
logramos identificar plenamente; obligándonos a planear una segunda visita, a
volver y quizás descubrir aún más de lo esperado. Porque la selva no entrega
todo al primer momento, hay que sintonizarse con ella y las energías que la
componen; esperando a que ella nos encuentre merecedores de conocer sus
encantos y abra a nosotros sus secretos.
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De regreso a las instalaciones del SENA, como si la selva nos despidiera, Néstor
Barbosa divisó una hembra de Oso Perezoso Moteado (Bradypus variegatus) mientras con su cría aferrada al vientre, se
alimentaba de las hojas nuevas de una Cecropia. Definitivamente mucha
información que procesar e impresiones que compartir; en la retroalimentación
definimos un total de 28 maravillosas especies registradas y 7 más no
identificadas plenamente, por diferentes causas, distancia, movimiento y tiempo
para la apreciación. Para la mayoría de los miembros del grupo, el Colibrí
Ermitaño Mosca (Phaetornis ruber), fue
el Lifer de la actividad de avistamiento y generador principal de expectativas
para regresar y planear desde ya una próxima visita.
Agradecimientos especiales a Dios todo poderoso
por las maravillas de la creación, a la madre selva por aceptarnos en sus
dominios con bien, a la Instructora – Bióloga Paola Cruz por hacer posible la
actividad, a Don Francisco Alonso por el registro fotográfico y a todos y cada
uno de los compañeros de aventura que compartieron conmigo esta inolvidable
experiencia.