RESERVA – PARQUE VERDE Y AGUA.
Este
mágico lugar enclavado en la montaña, a escasos kilómetros del municipio de
Fusagasugá en el Departamento de Cundinamarca, es una verdadera maravilla
ambiental, que a primera vista hace honor a su nombre y el Verde – vegetación exuberante acompañado del Agua – manantial que brota por doquier, reconfortan el espíritu y
nos preparan para la embrujadora experiencia de las aves. Experiencia que me
llevo a revivir la nostálgica niñez de un enamorado de la selva, cuando
embelesado pasaba horas observando la elegancia del vuelo de los colibríes
ermitaños que cortejaban las perfumadas y abundantes flores de un Marirambo que
imponente daba sombra en el fondo del patio de la casa materna, junto a dos
esbeltas palmas de Asaí (Açaí) y un poco más abajo un Totumo y un Sauco,
despensas farmacéuticas de la abuela.
Día No. 1 - 27 de Octubre de 2018.
Eliseo
Daniels, Edelmira Gutiérrez y Yo, nos pusimos de acuerdo para iniciar el
recorrido al Parque Verde y Agua desde Bogotá, en el carro familiar (La Ranita)
de mis ya nombrados colegas en compañía de su hijo Mitchel Daniels Gutierrez
como conductor elegido. A eso de las 03:30 pm, nos encontrábamos en Fusagasugá
e iniciando el ascenso empezamos a divisar las primeras aves a orillas
de la vía, mientras algo forzada, la ranita escalaba la pendiente entre las
fincas y casas de descanso; a medida que avanzamos, la emoción nos invadía y
por ello decidimos que nuestro vehículo continuaría solo determinados trechos,
mientras nosotros, sus pasajeros caminábamos tras él, observando, identificando
y fotografiando Aves.
Las
bandadas de Tangaras, no se hicieron esperar (Tangara vitriolina – Thraupis episcopus – Thraupis palmarum),
tampoco los canarios (Sicalis flaveola),
ni los semilleros (Sporophila nigricollis);
hasta que de repente perchado inmóvil, pudimos localizar una rapaz (Buteo albigula) y un poco más adelante
otra de estas al vuelo (Milvago chimachima); durante todo el recorrido no faltó la presencia del Sirirí (Tyrannus melancholicus), ni de la Mirla Patinaranja (Turdus fuscater). Al llegar al
Parque, nos reunimos con una parte del grupo de observadores de aves que nos habíamos dado cita en el lugar,
nos instalamos e iniciamos el gratificante reconocimiento del área, visitando
los bebederos de colibríes. Poco imaginaba Yo, que ese día, mis ojos se deleitarían
con los continuos destellos metalizados como veloces saetas al viento,
acompañadas de suaves rechinidos y sutiles explosiones de color al detenerse.
¡Oh¡, que maravilla, frente a mí se contorneaban en la brisa los majestuosos
Colibríes Cola de Cometa (Aglaiocercus
kingii), los Cola de Raqueta (Ocreatus
underwoodii) y los Cola de Tijera (Lesbia
nuna), mientras libaban en el jardín junto a la casa de albergue.
Día No. 2 – 28 de Octubre de 2018.
Con
los primeros rayos del sol, nuestro compañero, propietario y coordinador de
actividades de aviturismo Jorge Vazante, nos brindó la inducción sobre las actividades a realizar, tanto en la mañana como en la tarde, iniciando con un
recorrido por los alrededores del área de albergue para la observación de
Tangaras, Tiranos, Colibríes y Rapaces principalmente; luego, un breve desayuno
y en medio de un cielo nublado y una leve llovizna, empezamos nuestro recorrido
desde la terraza de los Colibríes, un lugar tan especial y embrujador, que
quisieras nunca salir de allí; sin embargo, el resto del Parque - reserva nos
esperaba y quien sabía, que otras maravillas nos aguardaban.
A
los Colibríes de cola larga que habíamos apreciado el día anterior, se les
unieron unos pocos chillones (Colibri
coruscans), los Coroniazul (Amazilia cyanifrons),
los Esmeralda Andina (Amazilia franciae) y los Coliabanados (Boissonneaua flavescens); en la huerta encontramos
el Mosquerito Cenizo (Phylomyias
cinereiceps), el Piojito azufrado (Mecocerculus
minor), las Reinitas Plataneras (Coereba
flaveola), unas Reinitas Arañeras (Setophaga
fusca) y un Águila Migratoria (Buteo
platypterus); además de los Cucaracheros comunes (Troglodytes aedon), el Mosquerito Caridorado (Zimmerius chrysops), las Tangaras de Lentejuelas (Tangara nigroviridis), las Torcazas
Zenaidas (Zenaida auriculata) y los Canarios, Tangaras y Semilleros
mencionados al inicio del escrito.
En
medio de la emoción y el placer de disfrutar el bosque, la lluvia cerca del
mediodía, nos hizo retirar a la casa albergue y aprovechamos para tomar el
almuerzo, reponer fuerzas e intercambiar opiniones respecto a la actividad
realizada. En la tarde, una vez amainó la lluvia, nos destinamos a realizar una
caminata que nos llevaría por diferentes ecosistemas y paisajes históricos, místicos
y embrujadores; descendimos a las afueras del parque – reserva, para tomar un
sendero de a pie, cruzar una hermosa y cristalina quebrada que parecía tararearnos
una canción de vida, mientras al fondo en acorde de acompañamiento los grillos
y ranas nos motivaban a seguir adelante; nos acompañaron como centinelas de
nuestros actos, un Águila Caminera (Rupornis
Magnirostris) y un Halcón Esmerejón (Falco
columbarius); luego, más adelante, entre zanjones adornados de musgo y helechos,
encontramos un tramo de un camino real de los tiempos de la colonia, empedrado
y castigado por el tiempo y la humedad, que nos condujo a unos potreros altos y
dos cañadas bordeadas por un imponente bosque secundario de plantas nativas, uno
que otro árbol maduro y tupidos arbustos llenos de flores y frutos, tan
coloridos como las tímidas aves que gozaban de sus bondades al mando de la
llamativa Tangara Roja (Piranga rubra);
a un lado, una especial planicie, pequeña pero atractiva, que parecía
orientarse hacia la quebrada vecina, en la que sobresalían unas piedras estratégicamente
ubicadas, que nos hacían intuir características de poblaciones ancestrales...
Por qué no, si estábamos en los dominios de los antiguos Muiscas y según nuestro
compañero anfitrión Jorge Vazante posiblemente nos encontrábamos sobre un
antiguo cementerio, que según los locales contiene un gran tesoro, pero que sus
guardianes espirituales no han permitido ubicar; de pronto por eso nuestra
sensación de estar siendo vigilados, de estar próximos a una compañía inmaterial,
pero poderosa y dueña de ese espacio, que afortunadamente nos había permitido
estar allí y vivir esos mágicos momentos que aquí trato de describir, momentos
que han marcado mi existir, tornándose inolvidables y dignos de repetir.
A
nuestro paso, el murmullo de las Tangaras Rastrojeras (Tangara nigroviridis - Tangara vassorii - Tangara labradorides - Tangara
heinei), los Trepatroncos (Dendrocolaptes
picumnus) y un escurridizo Cola de Espina (Anabacerthia striaticollis), nos animaron a escudriñar más el
entorno, llevándonos al Lifer del día y lugar, el Saltarín Alidorado (Masius chrysopterus), que sabíamos se
encontraba en los alrededores, pero no esperábamos avistar tan fácil. Con
poca luz, ya de regreso, una melodía conocida activa nuestra audición, seduciéndonos
a continuar un poco más fuera de la ruta de regreso, hasta las faldas de un
empinado cerro, en el que sobresalía un gran árbol, seco, lleno de brómelas en
flor, pintadas de nácar y oro, tan vivos que camuflaban al melodioso Toche Montañero
(Icterus crysater), que en alegre
compas enamoraba la sabana mientras esperaba paciente su compañera.
Más
tarde, continuando la ruta, nos aproximamos al fantástico árbol de las
ventanas, un corpulento Mata Palo (Ficus sp) que habiendo sofocado a su anfitrión – soporte,
ahora era dueño del espacio y luz para extender su existencia en el tiempo, impresionando
a caminantes sensibles y detallistas, que sepan apreciar la magnificencia de la
naturaleza. Este árbol creció formando una gran oquedad interna – céntrica,
generada por el espacio que alguna vez ocupó su anfitrión soporte y que hoy en
su ausencia, permite ingresar al corazón de la planta para sentir el fluir de la sabia, su energía concentrarse y ascender, viendo e interpretando el entorno, desde
cada una de las aberturas que a lo largo de los tallos entrelazados, aparecen
como ventanas al mundo exterior, dándonos diferentes perspectivas de
interpretación. La despedida del sitio, estuvo a cargo del paisaje y el viento,
que en complicidad con el bosque, la quebrada y la montaña, empujaron las nubes,
permitiéndonos apreciar por contados minutos el soberano Nevado del Ruíz, poco
antes de caer el sol.
Gracias
bello terruño, que nos recibiste con amabilidad y cariño fraterno; nos
mostrarte tus tesoros ambientales, belleza y tranquilidad material, relajación
y paz espiritual. Gracias compañero, colega, amigo y hermano Jorge Vazante por
permitirnos conocer y compartir esta maravilla natural, que no solo impacta
positivamente nuestras vidas, sino que obliga a volver.
Y desde
luego, agradecimientos también a mis colegas Observadores de Aves, Eliseo Daniels,
Edelmira Gutierrez, Mitchel Daniels Gutierrez, Jhon Jimenez, Pablo Valbuena, León Emilio Sánchez, Hernán García
y al Instructor Marcos Bernal, compañeros de experiencias y lucha por la
Guianza Turística Profesional, la conservación de las aves y el medio natural
que las alberga, como parte integral del Patrimonio Ambiental Colombiano.
Por favor no olviden visitar la galería de fotos Parque Verde & Agua, en el Titulo "Contenido General - Mas..."




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