Humedal “EL CHIRCAL”, rescribiendo lo vivido (Segunda Parte 2022).

Hoy los ánimos están al 200% y las expectativas al doble de eso, los relatos del primer recorrido ha motivado una mayor participación para esta, la segunda actividad de avistamiento de aves en el Humedal “El Chircal”, nos acompañan Elizabeth Restrepo, Iván Bueno, Edwin Realpe e Hitier González.

Realizaremos la misma ruta de la actividad inicial, ya que buscamos registrar el mayor número de especies e individuos, que se puedan confirmar como especies de avistamiento frecuente en esta zona. 













Nos citamos muy temprano para sorprender el amanecer y el despertar de las aves, sin embargo por ser temporada de lluvias, el cielo esta nublado y el sol está demorando en dar claridad: a lo lejos nos acompaña el eco de un  Murucututú (Magascops choliba) y una que otra discreta Gallina Ciega (Nyctidromus albicollis ), despidiendo la noche.

Son las 5:30 am y el murmulleo de las Golondrinas a lo lejos se escucha, las bandadas de Periquito Aliamarillo (Brotogeris versicolurus), se distinguen por doquier. El Chingolo Cejigualdo (Ammodramus aurifrons) empieza a trinar y le sigue en coro el Hierberito Pechiescarlata (Sporophila castaneiventris); los gallinazos (Coragyps atratus) y las Gualas (Cathartes aura) empiezan su danza espiralada de acenso al firmamento. Mientras Don Francisco Alonso, nos advierte de la presencia de una Viudita (Monasa nigrifrons) en un árbol de Fruta Pan (Artocarpus altilis) cercano.      

Ya habiendo entrado en calor y con buena luz, decidimos iniciar nuestra actividad por la parte abierta de los cultivos de huerta y bordear desde lo alto, la selva inundada. Allí fuimos recibidos por una pareja de Cucarachero Común (Troglodytes aedon), que siringalizaban desde un chamicero seco y una bandada mixta de Icteridos (Psarocolius angustifrons - Cacicus cela), que revoloteaban en un joven árbol de Cedro (Cedrela odorata), buscando insectos; en ese punto a lo lejos se pudo apreciar en vuelo la imponente Garza Azul (Ardea cocoi), que avanzaba en dirección a los Lagos Yaguarcaca.

Un poco más adelante, encontramos un claro, una ventana en la vegetación que nos daba acceso visual a un buen pedazo de la selva inundada, desde donde después de varias pisheadas (resoplidos), se dejaron ver las llamativas pavas Hediondas (Opisthocomus hoazín), que poco a poco fueron emergiendo del estrato bajo a los copos del sotobosque para secar al sol su plumaje humedecido por una noche de lluvia. En ese paisaje también nos acompañó un juvenil de Oso Perezoso (Bradypus variegatus) en reposo en el copo de un Cetico (Cecropia sp) y un curioso Colibrí Cola de Canoa (Chlorostilbon mellisugus), que poso para las fotos en varias ocasiones.

Continuando por el huerto recién deshierbado, encontramos forrajeando a una familia de Caracarás Cariblancos (Milvago chimachima), una bandada de Pipiiras Pico de Plata (Ramphocelus carbo), una pareja de Mirlas Pantaneras (Turdus ignobilis) y un grupo de Garrapateros (Crotophaga ani); al final del huerto, sobre el borde boscoso, sobre un árbol de Ojé (Ficus insipida), se alimentaban de los brotes una bandada de Loras Colicortas (Graydidascalus brachyurus), un grupo mixto de tangaras Azuleja y Palmera (Thraupis episcopus – Thraupis palmarum), mientras que en una palma de chontaduro (Bactris gasipaes), un grupo de Guacamayitas Cabecifuscas (Aratiga weddellii) descansaban en silencio.

De regreso a la cafetería de las instalaciones, para hidratarnos y redireccionar las actividades, nos tropezamos con un Pájaro Ardilla (Piaya cayana), que forrajeaba en un bejuquero, una Ardilla Marrón (Sciurus spadiceus) que correteaba de rama en rama y una imponente Águila o Milano Cabecigris (Leptodon cayanensis), que mientras perchaba, asechaba hacia el huerto.

Después de un breve receso, nos dirigimos hacia los pastizales del antiguo Chircal, atravesando el bosque del humedal, allí, ya estaba apostado Don Francisco, con su cámara, en medio de las flores de platanillo y trompetilla roja, a la espera del tímido Colibrí Ermitaño mosca (Phaetornis ruber), aunque en su lugar haya llegado su primo, el Colibrí Ermitaño Barbinegro (Phaetornis atrimentalis). Continuando nuestra ruta, ya en los pastizales del antiguo Chircal, nos sorprendió la enorme actividad de los semilleros, el chingolo Cejigualdo (Ammodramus aurifrons), el Hierberito Pechiescarlata (Sporophila castaneiventris) y el semillero Volatinero (Volatinia jacarina), hembras y machos revoloteando y luchando por las mejores espigas, saltos y trinos nos dieron un espectáculo inolvidable.

Un poco más adelante, el golpeteo en una rama seca nos indicó la presencia de un Carpintero Real (Campephilus melanoleucus) y cerca, en un arbusto de Renaquillo (Ficus sp), una Titira Colinegra (Tityra cayana), causaba conmoción entre los Siriríes (Tyrannus melancholicus), que cuidaban celosamente sus perchas; al rato llegaron las Tangaras Azulejas (Thraupis episcopus), mientras dos Vitordies (Pitangus sulphuratus), alertaban a las otras aves nuestra presencia. Cuando de pronto, el canto inigualable del Tucán Real (Ramphastos tucanus), nos invitó a regresar al bosque para apreciarlo y desde allí, emprender el regreso, una vez más bordeando la selva inundada desde la tierra alta.

A pocos metros de dejar la vegetación y culminar nuestro recorrido, un aleteo abrupto nos revela una Tangara Cabecigris (Eucometis penicillata), que desaparece en el bejuquero y dos Atrapamoscas Alicastaños (Pitangus lictor) nos despiden enérgicamente.

Esta vez, definimos un total de 44 espectaculares especies registradas y 5 más no identificadas plenamente; lo que representa un total consolidado de 51 especies hasta ahora registradas para el lugar y unas 10 por identificar plenamente, de acuerdo a las dos salidas de avistamiento de aves realizadas. Para todos los miembros del grupo, el Águila Cabecigris (Leptodon cayanensis), fue el Lifer de la actividad de avistamiento; la selva es un ente dinámico, supremamente activo y por lo mismo en constante cambio, teniendo siempre para nosotros experiencias sorprendentes, que harán que siempre quieras más. ¡¡¡Parece ser que habrá tercera parte!!!

Sin embargo, es de anotar, que en el año 2012, la Asociación de Guías de Turismo del Amazonas – ECOGUIAS; allí mismo, realizo un registro de especies de aves a lo largo de 15 días, en diferentes horarios, durante el mes de julio y consolidó 133 especies plenamente identificadas para el lugar en ese periodo.

Ahora, como siempre, agradecimientos especiales a Dios todo poderoso por las maravillas de la creación, a la madre selva por aceptarnos en sus dominios con bien, a la Instructora – Bióloga Paola Cruz por hacer posible la actividad y a todos y cada uno de los compañeros de aventura que compartieron conmigo esta inolvidable experiencia.

UE. GONZALEZ CARREÑO – 2022.

Humedal “EL CHIRCAL”, rescribiendo lo vivido (Primera Parte 2022). 

Este singular ecosistema, se encuentra localizado en el Municipio de Leticia, Departamento del Amazonas, como parte del área que abarca las instalaciones del Servicio Nacional de Aprendizaje SENA, sede Los Lagos – Centro para la Biodiversidad y el Turismo; haciendo parte del corredor biológico que comunica la cuenca de los Lagos Yaguarcaca, con la cuenca alta del Rio Tacana, a través de la Quebrada Urumutum. En el confluyen la llanura aluvial del Río Amazonas (Varzea), la zona inundable de la quebrada Yaguarcaca (Igapó) y la vegetación de tierra firme, que aunque esta en recuperación a alcanzado un significativo estado de madurez y por ende la regeneración de los bio - ciclos propios del ecosistema Amazónico. 












Después de una ausencia forzada, me siento como si reescribiera lo vivido; ya que por esas cosas raras de la vida y el maravilloso mundo de las aves, estoy de vuelta en el humedal “El Chircal” que como ya se mencionó atrás, hace parte del área que ocupa el SENA, sede Los Lagos. Hoy recorreré una vez más ese rincón de bosque y pastizales que conozco desde niño y he escudriñado hasta la saciedad; pero que en cada visita, me brinda una nueva experiencia, lo que no me permite olvidar su magia y atracción, que como dopamina natural, te seduce y causa adicción para que siempre regreses al reencuentro con sus energías.

Ha sido un  día de esos que las abuelas llaman “pasado por agua”, en la mañana no se pudo hacer nada por la lluvia, pero ahora en la tarde, el clima nos ha dado una tregua y la Instructora Bióloga Paola Cruz, coordinadora de la actividad, nos invita a iniciar nuestra jornada de avistamiento de aves. Ya son pasadas las 03:00 pm y la suave brisa del sur ha logrado correr las nubes, permitiendo que el astro rey ilumine nuestro recorrido y anime a los emplumados a ponerse en actividad.














Desde la cafetería del SENA, la algarabía que comienza, atrae nuestra atención; los territoriales Siriríes (Tyrannus melancholicus), discuten acaloradamente con las Golondrinas Pechigrises migratorias (Progne chalybea), que buscan afanosas una percha donde descansar. Carolina Pulido y Paola Riveros, las inseparables amigas, preguntan intrigadas por la situación, mientras Don Francisco Alonso, el más veterano del grupo y su súper cámara toma los registros de rigor.

Néstor Barbosa y Yo ajustamos rápidamente los binoculares e iniciamos el reconocimiento del entorno, revisamos el firmamento y cada árbol, en ellos cada rama, cada chamizo o cogollo, que pudiera albergar un ave. Arriba en lo más alto, como si flotaran, más que planear, estaban los gallinazos (Coragyps atratus), entre ellos tres siluetas y planeo diferente; dos Gualas (Cathartes aura) y un Falconiforme que no pudimos identificar plenamente, pero que presumo se trataba del agraciado Gavilán Cariamarillo (Daptrius ater).

Poco a poco fueron uniéndose al concierto de la vida, el trino del Hierberito Pechiescarlata (Sporophila castaneiventris), los acordes del Cucarachero Común (Troglodytes aedon) y el llamado del Mosquerito Coronado (Tyrannulus elatus). Embelesados por el ritmo que nos contagia el merengue de las Tangaras Azuleja y Palmera (Thraupis episcopus – Thraupis palmarum) y los agudos del Colibrí de Jardín (Amazylia fimbriata), salimos rumbo al cinturón de bosque que rodea el humedal; allí nos recibió sorpresivamente el tímido y escurridizo Colibrí Ermitaño Mosca (Phaethornis ruber), que entre flores de Platanillo y los gajos de Flor de Encaje Roja, parecía danzar con el viento.

Más adelante, en el claro de los pastizales, las bandadas de Periquitos Aliamarillos (Brotogeris versicolurus), una despistada Tijereta (Tyrannus savana) y los pequeños grupos de Guacamayitas Cabecifuscas (Aratinga Weddellii), surcaban el firmamento; mientras que en los arbustos, las Pavas Enanas (Ortalis guttata) y las Pipiras Pico de Plata (Ramphocelus carbo) a gritos definen espacios. Los Mochileros (Psarocolius angustifrons), llaman a la calma con sus delicadas siringalizaciones y típica venia de complacencia, mientras que los Arrendajos (Cacicus cela), con su matriacar parecen dirimir la discusión.

Ya el sol esta por empezar a ponerse, el vuelo errático y afano de la Paloma Frentiblanca (Leptotila rufaxila), marca la necesidad de buscar abrigo, los truenos de una tormenta próxima inquietan a una familia de Caracarás Cariblancos (Milvago chimachima) y a una solitaria Águila Caminera (Rupornis magnirostris), que con silbidos se alejan a la espesura de la selva inundada (Igapó). El Tataupá (Crypturellus ondulatus), empieza a marcar la hora para el anochecer y el Buho Enano (Glaucidium brasilianum), inquieta a los colibríes Cola de Canoa (Chlorostilbon mellisugus) y Ermitaño Piquirecto (Phaethornis bourcieri), antes de dormir.

Ya el sol esta por empezar a ponerse, el vuelo errático y afano de la Paloma Frentiblanca (Leptotila rufaxila), marca la necesidad de buscar abrigo, los truenos de una tormenta próxima inquietan a una familia de Caracarás Cariblancos (Milvago chimachima) y a una solitaria Águila Caminera (Rupornis magnirostris), que con silbidos se alejan a la espesura de la selva inundada (Igapó). El Tataupá (Crypturellus ondulatus), empieza a marcar la hora para el anochecer y el Buho Enano (Glaucidium brasilianum), inquieta a los colibríes Cola de Canoa (Chlorostilbon mellisugus) y Ermitaño Piquirecto (Phaethornis bourcieri), antes de dormir. 

A lo lejos el Espátula Chillón (Todyrostrum maculatum) y la Mirla Pantanera (Turdus ignobilis), despiden el día con su alegoría, acompañando la sinfonía del Cucarachero Turdino (Campylorhynchus turdinus), que agradece a la madre naturaleza por los favores recibidos y un día más de vida para alegrar la selva con su melodía.

Es hora de regresar, nos asalta la intriga de una que otra especie que no logramos identificar plenamente; obligándonos a planear una segunda visita, a volver y quizás descubrir aún más de lo esperado. Porque la selva no entrega todo al primer momento, hay que sintonizarse con ella y las energías que la componen; esperando a que ella nos encuentre merecedores de conocer sus encantos y abra a nosotros sus secretos.

De regreso a las instalaciones del SENA, como si la selva nos despidiera, Néstor Barbosa divisó una hembra de Oso Perezoso Moteado (Bradypus variegatus) mientras con su cría aferrada al vientre, se alimentaba de las hojas nuevas de una Cecropia. Definitivamente mucha información que procesar e impresiones que compartir; en la retroalimentación definimos un total de 28 maravillosas especies registradas y 7 más no identificadas plenamente, por diferentes causas, distancia, movimiento y tiempo para la apreciación. Para la mayoría de los miembros del grupo, el Colibrí Ermitaño Mosca (Phaetornis ruber), fue el Lifer de la actividad de avistamiento y generador principal de expectativas para regresar y planear desde ya una próxima visita.

Agradecimientos especiales a Dios todo poderoso por las maravillas de la creación, a la madre selva por aceptarnos en sus dominios con bien, a la Instructora – Bióloga Paola Cruz por hacer posible la actividad, a Don Francisco Alonso por el registro fotográfico y a todos y cada uno de los compañeros de aventura que compartieron conmigo esta inolvidable experiencia.

 El GBD 2021 – EN PANDEMIA.

 Viernes 07 de Mayo.

En víspera del día esperado, como ya es de costumbre y en  aras de mitigar las ansias me dispuse a revisar la ruta a desarrollar, establecer un plan de acción tentativo, plan de contingencia y la correspondiente revisión de equipos. Nueve de la noche, todo parece estar en orden, último mensaje para los colegas pajareros del grupo de Guías Avistadores de Aves  de nuestra organización, la Asociación Ecoguías del Amazonas; Zonia Márquez, Omar González, Édison Bautista, Elvis Cueva y Néstor Barbosa, con quienes me cruzaría en algún momento de la pajareada

Sábado 08 de Mayo, el día Esperado.

En mi Casa: Incluso antes de los primeros rayos del sol (04:30 am), la actividad comienza cual cazador al asecho en espera de la luz y actividad natural de la vida diurna para iniciar su faena. 05:10 am, comienza a clarear y junto con los primeros trinos, una suave llovizna retrasa el despertar de los emplumados; 05:30 am, el astro rey impone su fuerza y con los primeros aletazos en el firmamento, la melodía saluda un nuevo día.

Cucaracheros (
Troglodytes aedon) y semilleros (Ammodramus aurifrons, Sporophila castaneiventris), escudriñan los pastizales y hojarasca, mientras en lo alto, las guacamayas (Ara macao), loros (Graydydascalus brachyurus) y aratingas (Ara severus, Orthopsittaca manilatus) afanosas se dirigen al otro lado del gran rio Amazonas, a las tierras bajas de Perú, a los palmares de la Varzéa, llenos de frutos y sus semillas favoritas. Tras ellas unas cuantas Garzas Reales (Ardea alba) y uno que otro veloz Catalan Pepiado (Megaceryle amazona); un poco más tarde, aparecieron los Garrapateros (Crotophaga aní), las Pipiras Pico de Plata (Ramphocelus carbo), y los Azulejos (Thraupis episcopus, Thraupis palmarum), en disputa con una pareja de Marineros (Paroaria gularis) por el espacio para forrajear en una frondosa Higuera.

Con el movimiento, perchado en una antena sobresaliente, se divisa un sigiloso vigía, un Gavilán Pescador (
Milvago chimachima); mientras camuflado entre los gallinazos (Coragyps atratus) que ascienden en espiral el firmamento, un Águila Caminera (Rupornis magnirostris), rechifla sin descanso en busca de su compañera. Y así, con un gran comienzo de pajareo, continuamos nuestra ruta, emprendiendo el camino hacia la Quebrada Yaguarcaca, tomando la carretera vecinal del norte.

Primer parada: En los pastizales del anillo verde del aeropuerto Vásquez Cobo, nos animan a detenernos una gran bandada mixta de semilleros (Sporophila lineola, Sporophila angolensis, Sporophila bouvronides, Sporophila castaneiventris, Sporophila murallae, Sporophila crasirostris), que trinan y revolotean sin cesar, mientras los Volatineros Satinados (Volatinia jacarina), muestran dominio con su danza de saltos resortados; a lo lejos el compás de las Mirlas Pantaneras (Turdus ignobilis) y las Tangaras Azulejas (Thraupis episcopus, Thraupis palmarum), compiten en potencia con la melodía del Frutero Mayor (Saltator maximus); que compagina con el sutil martilleo del Carpintero Moteado (Colaptes punctigula), en busca de larvas en la corteza de un Pomarroso (Syzygium malaccense) seco y en desgaje natural.

Un poco más adelante, siguiendo la alameda perimetral, que conduce a la base de la Fuerza Aérea Colombiana, las Palomas Yarumeras (Patagioenas cayennensis), acompañan nuestra senda, junto con las agudas notas del Colibrí de Jardín (Amazilia fimbriata) y el matracar de los Arrendajos Culiamarillos (Cacicus cela). Al llegar al depósito de combustibles de Terpel, a las orillas de la laguna del jardín interno, el azul metalizado de un grupo de Pollas de Agua (Porphyrio martinica), embellece el paisaje compartido con los ruidosos Gallitos de Agua (Jacana jacana) y una que otra Garzeta Chilena (Buteroides striata); vigilados detenidamente por un Águila Caracolera (Rostramus sociabilis), que aguarda la oportunidad para robar las presas de un distraído Carrao Pico Roto (Aramus guarauna), que saca caracoles y cangrejos del fondo fangoso de la laguna.

Segunda parada: Continuando nuestra ruta, a la altura de la intersección de la carretera a los Lagos (La Y); los exuberantes arboles de Castaña (Bertholletia excelsa), adornados de los pendulantes nidos de una colonia de Mochileros (Psarocolius angustifrons), marcan un nuevo ambiente; donde la Espátula Chillona (Todyrostrum maculatum) y el Mosquerito Chamisero (Poecilotriccus latirostris), son los amos y señores, aunque compartan espacio con las bandadas de Garrapateros azulados (Crotophaga major) y las Pipiras Pico de Plata (Ramphocelus carbo), que forrajean en los arbustos circundantes a la Tahuampa (Cananguchal - humedal), territorio de las Guacamayas Enanas (Psittacara leucophthalmus, Aratinga weddellii).   

Tercera parada: El Bambusal, poco antes de la trocha hacia la comunidad de San Juan de los Parentes, un concierto de Eufonias (Euphonia lanirostris, Euphonia crysopasta), alimentándose en una rastrojera florecida, animan nuestro recorrido y estimulan los sentidos; que rápidamente nos llevan a una pareja de Trepatroncos (Dendroplex picus), que exploran la corteza de un viejo Lacre (Vismia macrophylla), en cuyo dosel descansa el Trogón Pechiamarillo (Trogon viridis), que indica el ingreso al boque inundable de tierras bajas (Igapó), alrededor de los lagos y Quebrada Yaguarcaca. 

Cuarta parada: Sendero Colegio Camilo Torres – Quebrada Yaguarcaca; en el ecotono, nos recibe una pequeña bandada de Periquitos Frentiamarilla (Brotogeris sanctithomae), que silenciosamente se alimentan en un Renaquillo (Garcinia macrophylla), y poco más adelante entre los altos ramajes estremecidos por la refrescante brisa rivereña, una pareja de Titiras Colinegras (Tityra cayana), parecen conversar con los Toritos Coronados (Capito aurovirens) que muy animados saltan de rama en rama, haciéndole venias al monarca de los doseles, el Tucán Real (Ramphastos tucanus), que desde su percha nos observa como a bichos raros, permitiéndonos al mismo tiempo el deleite de su apreciación detallada.

Ya en el bosque tupido, una poco usual silueta se escurre entre los bejuqueros, traje negro, babero y copete, el Pájaro Sombrilla (Cephalopterus ornatus), hace su fugaz aparición y cual escapista consagrado, desaparece como ilusión óptica en la policromía del verde selva. Silencio y atención, al fondo una Panguana Ondulada (Crypturellus ondulatus), busca compañía y un Atila Ojiamarillo (Attila bolivianus) se da un banquete con una rana arborícola (Hyla sp). A la orilla de la Quebrada Yaguarcaca, los Atrapamoscas (Tyrannus melancholicus, Pitangus sulphuratus, Pitangus lictor, Myiozetetes similis), están al asecho de las abundantes libélulas, moscas y moscardones que revolotean en el área abierta, porque bajo el bosque, en la sombra silenciosa, las Viuditas (Monasa nigrifrons) son las reinas insectívoras.

















COLOMBIA, EL PAÍS DE LAS AVES.

Birding: Turismo Especializado, Sostenibilidad Garantizada...

Para nadie es desconocido, que Colombia, gracias a su privilegiada ubicación geográfica, presenta una serie de características ambientales y biológicas que permiten calificativos en honor a su pluriculturalidad y biodiversidad exuberante; siendo el lugar ideal para los amantes de la naturaleza, la aventura y un turismo meramente experiencial sostenible. Colombia, el país de las aves con 1.945 especies registradas a la fecha y entre ellas alrededor de 79 endémicas para el país, representa el mejor destino para el desarrollo del Aviturismo; lo que a su vez constituye una gran responsabilidad para el Estado en materia de conservación y aprovechamiento racional de este enorme potencial natural.


Es por ello, que actividades tan especializadas, de cuidado y responsabilidad ambiental, deben ser orientadas por personal calificado y conocedor tanto de la biología de las aves, como de las estrategias de manejo que minimicen los impactos negativos que se puedan ocasionar por la presencia y actividad humana en los ecosistemas visitados.


La invitación es a realizar estas actividades con responsabilidad y compromiso de sostenibilidad, acudiendo y contratando las Agencias de Viajes y Guías de Turismo especializados en el desarrollo de estas actividades, respaldando así su satisfacción de viaje y el bienestar tanto de las Aves, como del ecosistema que las alberga y la comunidad receptora que las conserva. 
Gráficas tomadas de: http://www.humboldt.org.co/es/boletines-y-comunicados/item/1087-biodiversidad-colombiana-numero-tener-en-cuenta

Observación de Aves, Turismo 100% Experiencial.


El Renacimiento.
Hoy en el ejercicio esporádico que permite el ajetreo de la sociedad moderna, al meditar sobre mi vida y el encause que le han dado a la misma las circunstancias que llamamos destino; he llegado a la reflexión grata de un renacer fortuito, que me lleva a la niñez despreocupada y soñadora de aquel niño, que buscaba afanoso en el inmenso firmamento y copas de los árboles, la belleza escurridiza de esos hermosos seres bañados en destellos de color y melodías que seducían a la magia de sus movimientos, capaces de flotar en el aire y coquetear con el viento. Seres llenos de sortilegio, mística y leyenda que ha cautivado al hombre desde sus mismos orígenes y que desprevenidamente hemos hecho a un lado en medio del defectuoso futuro al que llamamos progreso; en medio de comodidades y fortuna vana e innecesaria que nos ha aislado de lo elemental, pero gratificante que representa el mantener esa sincronía natural con nuestro entorno, aquella que nos hace articular la existencia con el evolucionar de los ecosistemas en la integralidad de los bio - ciclos que nos acompañan y permiten nuestra prosperidad como especie.

Los eventos que hoy vivo desde la observación de aves, me convencen cada día más de que nada ocurre porque sí y que nuestras experiencias van dirigidas a un espacio y tiempo específico en nuestras vidas; así al observar maravillado la sincronía y delicadeza de los compases que despliegan los Saltarines Cabecidorados (Ceratopipra erythrocephala), recordaba las clases de historia de antaño y en ellas, una de las tantas frases que se le quedan enclavadas en la memoria a uno, “El baile es la poesía del movimiento”; palabras de Juan Vicente Bolívar a su pequeño hijo Simón Bolívar. En ese momento la duda me asaltaba, porque si esto era así, Yo había encontrado en estos manakies la esencia de la poesía hecha movimiento.

En fin, así como algún día, hace más de treinta años, llegue a la Guianza Turística y la convertí en mi proyecto de vida; la Guianza Turística me condujo al mundo especializado del Aviturismo y con ello a un renacer de las percepciones del entorno natural que afortunadamente siempre me ha rodeado, en medio de esa inmensa y virginal selva Amazónica que nunca ha dejado de sorprenderme, maravillarme y enamorarme.  

El Reencuentro.
Así como alguna vez, se aseguraba que “Todos los caminos conducían a Roma”; en la vida cuando existe afinidad entre las personas, tarde o temprano habrán de reencontrarse, por más que se hayan tomado sendas diferentes. En mi caso, la observación de aves, me condujo a un gratificante episodio de vida, donde después de casi dos décadas, esta afición permitió que en su ejercicio volviera a articular actividades con mi paisano, colega, amigo y hermano, Elvis Cueva Márquez, que al igual que Yo, escudriñaba la selva, nuestra selva; ese grandioso mundo que nos vio nacer y que hoy reclamaba toda nuestra atención; tal y como en el pasado, en la juventud nos invitaba a conocerla y nosotros en la sana complicidad de la exploración compartimos las aventuras más sorprendentes que uno en algún momento pudiese imaginar, dejándonos enigmas aún sin resolver y la tarea ardua de infinidad de lugares por descubrir.

Ahora desde el mundo de las aves, iniciaríamos nuestras vivencias en la Reserva Privada “Acapú”, ubicada a catorce kilómetros de la ciudad de Leticia, vía la carretera vecinal del norte (Leticia – Tarapacá), un singular espacio natural de ambientes en alquimia, desde pequeñas áreas abiertas y plantadas de pan coger, hasta un cinturón de bosque secundario y desde luego el exuberante bosque primario y su majestuoso dosel, que de entrada nos permitió apreciar el imponente Jacamar del Paraíso (Galbula dea) y un poco más abajo el llamativo Trogon Pechiamarillo (Trogon viridis), la Tucaneta Ojiverde (Pteroglossus castanotis), el Colibrí Ermitaño (Phaethornis bourcieri), el Saltarín Coroniazul (Lepidothrix coronata) y ya sobre el suelo y la hojarasca, el Hormiguero Frentiblanco (Pithys albifrons) y el Cucarachero Melodioso (Pheugopedius coraya), entre más de sesenta especies más, que a lo largo de cuatro horas y tres kilómetros de recorrido a pie por selva, pudimos observar, escuchar y fotografiar.

Este sería el inicio de muchas otras rutas, que desde ya empezamos a trazar y soñar especulando lo que allí podríamos encontrar. Se habla de aproximadamente setecientas cincuenta especies de aves para el Departamento de Amazonas; sin embargo, nuestro optimismo, experiencia y conocimiento del entorno, nos permite esperar sobrepasar estos cálculos. Una tarea que desde ya empezamos y buscamos culminar muy pronto con la bendición de Dios y el permiso de nuestra madre naturaleza.

  Humedal “EL CHIRCAL”, rescribiendo lo vivido (Segunda Parte 2022). Hoy los ánimos están al 200% y las expectativas al doble de eso, los ...