El GBD 2021 – EN PANDEMIA.
En víspera del día esperado, como ya es de costumbre y en aras de mitigar las ansias me dispuse a revisar la ruta a desarrollar, establecer un plan de acción tentativo, plan de contingencia y la correspondiente revisión de equipos. Nueve de la noche, todo parece estar en orden, último mensaje para los colegas pajareros del grupo de Guías Avistadores de Aves de nuestra organización, la Asociación Ecoguías del Amazonas; Zonia Márquez, Omar González, Édison Bautista, Elvis Cueva y Néstor Barbosa, con quienes me cruzaría en algún momento de la pajareada
Sábado
08 de Mayo, el día Esperado.
En mi Casa: Incluso antes de los primeros rayos del sol (04:30 am), la actividad comienza cual cazador al asecho en espera de la luz y actividad natural de la vida diurna para iniciar su faena. 05:10 am, comienza a clarear y junto con los primeros trinos, una suave llovizna retrasa el despertar de los emplumados; 05:30 am, el astro rey impone su fuerza y con los primeros aletazos en el firmamento, la melodía saluda un nuevo día.
Primer parada: En los pastizales del anillo verde del aeropuerto Vásquez Cobo, nos animan a detenernos una gran bandada mixta de semilleros (Sporophila lineola, Sporophila angolensis, Sporophila bouvronides, Sporophila castaneiventris, Sporophila murallae, Sporophila crasirostris), que trinan y revolotean sin cesar, mientras los Volatineros Satinados (Volatinia jacarina), muestran dominio con su danza de saltos resortados; a lo lejos el compás de las Mirlas Pantaneras (Turdus ignobilis) y las Tangaras Azulejas (Thraupis episcopus, Thraupis palmarum), compiten en potencia con la melodía del Frutero Mayor (Saltator maximus); que compagina con el sutil martilleo del Carpintero Moteado (Colaptes punctigula), en busca de larvas en la corteza de un Pomarroso (Syzygium malaccense) seco y en desgaje natural.
Un poco más adelante, siguiendo la alameda perimetral, que conduce a la base de la Fuerza Aérea Colombiana, las Palomas Yarumeras (Patagioenas cayennensis), acompañan nuestra senda, junto con las agudas notas del Colibrí de Jardín (Amazilia fimbriata) y el matracar de los Arrendajos Culiamarillos (Cacicus cela). Al llegar al depósito de combustibles de Terpel, a las orillas de la laguna del jardín interno, el azul metalizado de un grupo de Pollas de Agua (Porphyrio martinica), embellece el paisaje compartido con los ruidosos Gallitos de Agua (Jacana jacana) y una que otra Garzeta Chilena (Buteroides striata); vigilados detenidamente por un Águila Caracolera (Rostramus sociabilis), que aguarda la oportunidad para robar las presas de un distraído Carrao Pico Roto (Aramus guarauna), que saca caracoles y cangrejos del fondo fangoso de la laguna.
Segunda parada: Continuando nuestra ruta, a la altura de la intersección de la carretera a los Lagos (La Y); los exuberantes arboles de Castaña (Bertholletia excelsa), adornados de los pendulantes nidos de una colonia de Mochileros (Psarocolius angustifrons), marcan un nuevo ambiente; donde la Espátula Chillona (Todyrostrum maculatum) y el Mosquerito Chamisero (Poecilotriccus latirostris), son los amos y señores, aunque compartan espacio con las bandadas de Garrapateros azulados (Crotophaga major) y las Pipiras Pico de Plata (Ramphocelus carbo), que forrajean en los arbustos circundantes a la Tahuampa (Cananguchal - humedal), territorio de las Guacamayas Enanas (Psittacara leucophthalmus, Aratinga weddellii).
Tercera parada: El Bambusal, poco antes de la trocha hacia la comunidad de San Juan de los Parentes, un concierto de Eufonias (Euphonia lanirostris, Euphonia crysopasta), alimentándose en una rastrojera florecida, animan nuestro recorrido y estimulan los sentidos; que rápidamente nos llevan a una pareja de Trepatroncos (Dendroplex picus), que exploran la corteza de un viejo Lacre (Vismia macrophylla), en cuyo dosel descansa el Trogón Pechiamarillo (Trogon viridis), que indica el ingreso al boque inundable de tierras bajas (Igapó), alrededor de los lagos y Quebrada Yaguarcaca.
Cuarta parada: Sendero Colegio Camilo Torres – Quebrada Yaguarcaca; en el ecotono, nos recibe una pequeña bandada de Periquitos Frentiamarilla (Brotogeris sanctithomae), que silenciosamente se alimentan en un Renaquillo (Garcinia macrophylla), y poco más adelante entre los altos ramajes estremecidos por la refrescante brisa rivereña, una pareja de Titiras Colinegras (Tityra cayana), parecen conversar con los Toritos Coronados (Capito aurovirens) que muy animados saltan de rama en rama, haciéndole venias al monarca de los doseles, el Tucán Real (Ramphastos tucanus), que desde su percha nos observa como a bichos raros, permitiéndonos al mismo tiempo el deleite de su apreciación detallada.
Ya en el bosque tupido, una poco usual silueta se escurre entre los bejuqueros, traje negro, babero y copete, el Pájaro Sombrilla (Cephalopterus ornatus), hace su fugaz aparición y cual escapista consagrado, desaparece como ilusión óptica en la policromía del verde selva. Silencio y atención, al fondo una Panguana Ondulada (Crypturellus ondulatus), busca compañía y un Atila Ojiamarillo (Attila bolivianus) se da un banquete con una rana arborícola (Hyla sp). A la orilla de la Quebrada Yaguarcaca, los Atrapamoscas (Tyrannus melancholicus, Pitangus sulphuratus, Pitangus lictor, Myiozetetes similis), están al asecho de las abundantes libélulas, moscas y moscardones que revolotean en el área abierta, porque bajo el bosque, en la sombra silenciosa, las Viuditas (Monasa nigrifrons) son las reinas insectívoras.


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